Los pensamientos de una mujer agridulce

sábado, diciembre 18, 2010

Reflejo

Me veo en tu mirada. Sé lo que estás pensando. Un día yo fui tú. También desperté engañada y llena de nada. Él se ha ido y no sólo eso, sabes perfectamente dónde está y su ubicación: no contigo. Peor aún, sabes exactamente sobre que nuevo cuerpo se encuentra, cuál suspiro lo llama y que nombre lo extraña. Conoces esa nueva forma que viene a robar tu felicidad, que viene a causarte pena. Así es querida, tú también la memorizarás a ella como yo te memoricé a ti. La imaginarás sonriendo sus tardes y dormirse en gloria. La sabrás llena de lo que a ti te faltará para siempre. Y pensarás en mí y llorarás conmigo. Pedirás perdón por haberte cruzado en mi camino, rogando que ella lo haga también un día por ti. Y lo hará, ten fe, como yo la tuve contigo.
Siempre pensé que te odiaba y no te miento, lo hice. Sin embargo, reconozco que sentí pena por ti, porque al igual que tú, yo también me sentí ilusamente dueña de su aliento y de sus horas. Querida, creímos haber sido todo y en realidad fuimos nada. Fuimos un instante y ahora somos un muestrario de estupidez.
Llórale a él. Llórame a mi. Llora el fin de ti y de mi, que todavía te falta rogar que el cielo se le caiga en pedacitos de mundo a ella.

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domingo, octubre 17, 2010

Adiós 25


Hoy se termina mi último día de 25 años y me da un poco de nostalgia. Este año siempre me recordará a ti, será tu año porque indiscutiblemente me hiciste vivirlo. Me llenaste de seguridad y me recordaste esa alegría que había escondido a la izquierda de mi corazón.
El año termina y ya no estas conmigo... y ya no lloro pero a veces aún te anhelo en mis sueños.
Se que te extraño porque te llevaste esa parte de mí que descubriste y que tanto adoraba, pero tengo la esperanza de que poco a poco iré soltando tu ausencia y solita volverá a mí.


Me despido de mis 25 sabiendo que me despido también de tí, sabiendo que ahora sí te quedas en el pasado.


Amé mis 25 porque tú me amaste a mí.

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jueves, junio 10, 2010

Yo confieso...


Siempre supe que eras temporal... por la manera en que llegaste a mi vida y por como sucedieron las cosas, con esa frescura inesperada, sabía que te irías un día de estos.
Me gustó saberme diferente, nueva, renovada... me encantó que te ganaras mi pensamiento y mi tiempo, que me hicieras pelear contra mi seguridad y mis barreras, que me hicieras cuestinonarme mi futuro y alegrarme de mi pasado. Nunca pensé que la vida me dejaría tener a alguien como tu, aunque fuera por un rato. Fuiste esa vagancia que no viví a tiempo, esa pasión que todas anhelamos, ese pedacito de perdición y pecado necesario para mantener el equilibrio en cualquier existencia...


... Y justo como imaginé que sería, un día desperté y te habías ido... así como llegaste, como remolino, te fuiste. Hiciste ruido en mí, me reconocí entre risas y libertad y me dejaste firme en mis pasos.


Confieso que dentro de mí deseaba poder quedármelo y gozar eternamente de esa sensación de victoria que tenía a su lado, sin embargo, la vida me da, otra vez, lo que necesito y no lo que quiero.


El ya no está, pero ahora sí me quedé yo...

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martes, julio 14, 2009

Se nos fue 'Maikol'




Durante estas semanas formé parte del luto mundial... mi infancia se movió con la muerte de Michael Jackson, el llamado "Rey del Pop". Cierto es que su vida personal no fue ideal, de hecho fue bastante turbia, muchos escándalos rondaron su existencia y su falta de criterio en verdad llegó a denotar alguna enfermedad mental, sin embargo, es necesario reconocer, que dentro de su profesión, Michael fue un genio.

Wacko Jacko será siempre reconocido por su originalidad y su creatividad. En mi vida será siempre "el tipo que hizo bailar a mi papá... y que, por consecuente me hizo bailar a mí" ... fui una de esas infantes obligadas a aprenderse "Thriller" jaja.


Descanse en paz.

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lunes, abril 06, 2009

La parte fea...


Es comprensible porque nadie disfruta recordar o hablar de aquellos momentos negros de nuestras vidas. Seamos honestos: Apesta tener el corazón roto. Los días duran 40 mil horas y nada parece llenar ese huequito de soledad tortuosa. La sensación de libertad llega a ser odiosa y los sermones de los demás suenan a disco rayado. Nada consuela, nada detiene ese sentimiento de caída y fracaso. Miles de preguntas acosan la mente. El corazón llega al extremo de doler físicamente y pareciera como si la mente y el organismo se negaran a trabajar organizadamente.

En esa etapa me encuentro. Y apesta. Y la odio día a día. Y a veces me da por pensar que daría cualquier cosa por no vivirla... y vuelvo a pensar y reacciono. No. No daría CUALQUIER cosa por una paz barata. No es posible engañarse toda la vida sólo por comodidad. La flojera emocional tiene consecuencias graves para el alma y el corazón. Claro, duele activarse, duele enfrentar esas verdades que tan secretamente escondí bajo la alfombra de mi conciencia. Es díficil observar toda la basurita que calladamente guardé en mi interior, pues no es bonita y hasta huele feo. Me asombra la habilidad que desarrolle para mentirme, para silenciar lo que verdaderamente pensé por tanto tiempo. Y es momento de enfrentarme... y eso también apesta. No puedo mirarme de frente, aún no tengo el valor para reprocharme mi abandono.

Supongo que después, cuando pueda volver a sonreír plenamente, recordaré estos momentos y los veré como en una película hollywoodense, con una musiquita un poco comico-dramática, haciendo miles de tonterías para evadir y sentirme mejor como individuo solitario... y me reiré de mí, así como me río de las películas, que por lo general tienen un final feliz, aunque no sea el fin que el personaje principal hubiese esperado para sí mismo...

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jueves, junio 21, 2007

Palabras

Hace mucho tiempo tomé la decisión de olvidarme de las palabras y restarles valor por sí solas, es decir, ignorarles si no están acompañadas de una acción que compruebe su peso. Hace mucho tiempo les maté y alejé mi credibilidad de ellas.
Lo que me movía era un gran miedo (o respeto, aún no lo descifro) a salir herida por las decisiones de alguien más.

Ahora entiendo que cuando desacreditaba las palabras sólo intentaba liberarme de la angustia que sentiría después por haberlas pronunciado incorrectamente, como tratando de crear un hechizo que desharía todo lo dicho si algún día me arrepentía de mis orgullosas frases.
Recuerdo mi fortaleza al hablar, al pronunciar ciertas palabras que hoy siento tan lejanas de mis labios y que dudo considerablemente algún día vuelvan a salir de mi boca. No voy a mentir, a veces extraño decirlas, extraño mi seguridad al hablarlas y recordarlas me abruma de nostalgia. Son algo lejano y borroso.
Sé perfectamente que no todas las palabras salen de la misma boca, pero aún sigo pensando que existen palabras que sólo deberían servir una vez... al menos para evitar seguir cometiendo los mismos errores del pasado.

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